|
El organismo emplea el sudor y
la circulación sanguínea para regular la temperatura
corporal en situaciones de calor excesivo. Con la sudación
la parte externa del cuerpo se enfría, mientras que la
sangre es enviada a zonas más frescas, como la cavidad
craneal, la torácica o la abdominal, donde la sangre se
enfría. Cuando estos
mecanismos de termorregulación fallan se producen las
insolaciones o golpes de calor, que afectan especialmente
a los ancianos que permanecen mucho tiempo bajo el sol o a
los jóvenes que realizan ejercicio físico intenso.
Las insolaciones o golpes
de calor pueden provocar desvaríos, delirios, sudor
excesivo, disminución del ritmo cardiaco y de la presión
arterial, lo que lleva al desmayo y a la pérdida de
consciencia.
En caso de calor sofocante
conviene:
- Beber líquidos más allá
de los que la propia sed impone para equilibrar la
pérdida de agua.
- Descansar y disminuir la
actividad física.
- Condimentar la comida
con sal para prevenir el desequilibrio electrolítico.
- Protegerse del sol con
un sombrero y situarse siempre en la sombra.
|