En esta clase de gimnasia nadie viste jogging ni está
dispuesto a transpirar ni siquiera una gota. Tampoco se
requiere de esfuerzo físico y basta con tener un lápiz y
papel a mano para empezar a entrenarse. Es que los
asistentes vienen con el objetivo de mantener las neuronas
en funcionamiento y el cerebro en forma. La novedad es que
también esto puede lograrse con una buena rutina de
ejercicios. “La
evidencia científica demuestra que la actividad
intelectual y el esfuerzo mental son factores protectores
frente al deterioro cognitivo que nos ayudarán a mantener
nuestra mente en forma en etapas tardías de la vida”,
confirma Facundo Manes, director del
Instituto de Neurología
Cognitiva (INECO), donde desde hace dos años
se desarrollan Programas de Entrenamiento Cognitivo.
“Esta es una
preocupación relativamente nueva en nuestras sociedades y
que viene de la mano del aumento de la expectativa de vida
de la población. Hasta hace algunos años, la única
preocupación era el cuidado físico en función de una buena
calidad de vida, pero hoy además queremos llegar a la
vejez con cierta agudeza mental –explican
las neuropsicólogas Teresa Torralva y María Roca, pioneras
de la “gimnasia
cerebral” en el país y encargadas del
Programa de Entrenamiento
Cognitivo de
INECO–.
Por mucho tiempo se pensó que los trastornos de memoria y
las enfermedades cognitivas eran problemas propios e
inevitables del envejecimiento, y que, por lo tanto, a
cierta edad, todos iban a presentarlos. Pero en los
últimos años hubo un cambio de paradigma a raíz de
distintos estudios científicos que demostraron que esto
puede contrarrestarse con brain fitness, como se lo llama
en EstadosUnidos”.
Hasta hace poco más de una década, cuando el neurólogo
irlandés Ian Robertson, jefe de investigaciones del
Instituto de Neurociencias
del Trinity College, se dedicó a reunir
evidencia a su favor, el
brain fitness
era considerado casi como un invento de marketing por la
comunidad científica. A partir de ahí, estudios
considerados serios confirmaron su validez. En 2000 se
publicó el primero, un experimento con ratones modificados
para que desarrollaran el Mal de Huntington que fueron
encerrados en dos jaulas, una sin estímulos y otra con
molinetes, trampas, colores y ruidos. Al cabo de un
tiempo, sólo uno de los ratones de la jaula
“estimulante”
había desarrollado la enfermedad. Otra investigación
contundente en este sentido se hizo en el Reino Unido:
científicos estudiaron el cerebro de 16 taxistas
londinenses en comparación con el de 50 personas sanas y
comprobaron que los conductores tenían el hipocampo –área
cerebral relacionada con el aprendizaje espacial y la
memoria– más grande. Finalmente, otro estudio realizado en
los cerebros de un centenar de monjas de Notre Dame dio la
dimensión de la real importancia del ejercicio para
mantener la mente en estado:
“Se estudió el cerebro de
las religiosas a medida que iban envejeciendo, y se vio
que aquellas que tenían una mayor actividad intelectual lo
mantenían en mejor forma y funcionamiento. E incluso en
algunas de ellas se encontraron las características
patológicas del Mal de Alzheimer, que sin embargo no se
había llegado a desarrollar porque se lo había
contrarrestado. O sea: se habían mantenido mentes sanas en
cerebros enfermos. Y esto tenía que ver con que era una
congregación de mucha apertura social, gran nivel
educativo e intensa vida intelectual”, explica
la licenciada Torralva, de
INECO.
Para Ricardo Allegri, jefe de Neuropsicología del
Instituto Universitario CEMIC, ya no quedan
dudas de la incidencia de la
“gimnasia cerebral”
para conservar una mente sana:
“Está comprobado
científicamente: el entrenamiento cognitivo sirve para
prevenir o rechazar enfermedades como el Mal de Alzheimer,
cuyo origen se estima genético en un 40 % y causado por
otros factores en un 60 %. Hoy está claro que lo mismo que
sucede con el entrenamiento físico ocurre con el
cognitivo: así como los cardiólogos recomiendan 30 minutos
diarios de ejercicio físico, nosotros recomendamos
ejercicio intelectual regular. Y del mismo modo que haber
sido deportista de joven no sirve de nada si uno no se
sigue ejercitando, tampoco basta con haber estudiado mucho
los primeros 30 años de su vida, si no se continúa de
manera regular con el paso de los años”.
Cerebros en acción
Aunque el consejo es mantener al cerebro en actividad de
manera constante, hay ciertas señales que pueden dar el
alerta de que es un buen momento para iniciar algún
programa de entrenamiento cognitivo, o al menos una
actividad que implique un esfuerzo intelectual. Así como
el cuerpo da “avisos”
de que es hora de ponerse en movimiento, según los
especialistas, existen diversos síntomas cognitivos que
pueden indicar el envejecimiento del cerebro y a los que
es preciso prestar especial atención a partir de los 50
años. La pérdida de memoria suele ser el más fácil de
detectar aunque no el único: también pueden presentarse
dificultades en la comprensión y asimilación de la
información, se necesita más tiempo para hacer un cálculo
que antes resultaba más simple, cuesta realizar dos
actividades al mismo tiempo, se pierde la concentración
con más facilidad, entre otros
“alertas”. “Averiguar si nuestro cerebro está ‘fuera de
estado’ es muy sencillo, ya que existen tests para medir
el rendimiento intelectual. De todas maneras, está
comprobado que el ser humano utiliza el 10 % de su
capacidad potencial, de manera que cualquier momento es
bueno para iniciar un proceso de cambio y superación
personal”, aconseja la licenciada Marcela
Krell, directora de
Programas de Capacitación de ILVEM.
Para Manes, director de
INECO, es importante
“entender que si bien
cierto grado de dificultad en la memoria reciente es
normal, no toda pérdida es normal y muchas veces es una
señal a ser tenida en cuenta. Los problemas de empiezan a
ser serios cuando afectan la vida diaria de la persona que
los sufre y cuando tienden a ser progresivos. Es necesario
saber diferenciar cuándo se trata de un trastorno
patológico y cuándo no: si los olvidos sólo abarcan
detalles de poca importancia, o un ítem en particular pero
se recuerda todo lo demás, no se puede pensar en algo
serio. Un indicador de esto es si la persona es conciente
de su dificultad: cuando la persona lo nota pero a su
entorno no le resulta relevante, es improbable que sea
algo serio. En cambio, es probable que sí lo sea si quien
sufre la dificultad no es conciente de ella pero la notan
quienes están a su alrededor”. De todos modos,
en cualquier caso siempre se recomienda acudir a un
especialista que pueda evaluar cuál es el origen del
síntoma.
Los programas de entrenamiento tienen la particularidad de
ser cortos –entre 8 y 12 sesiones– y apuntan al trabajo y
ejercitación de todas las funciones cerebrales: memoria
–visual y verbal–, atención, funciones ejecutivas,
capacidad de organización, planificación, lenguaje,
cálculo, percepción, procesamiento de la información,
aprendizaje. Y existen tanto programas integrales,
destinados a conservar la agudeza mental en general, como
cursos específicos, según la necesidad de cada paciente.
“No hay un ejercicio en particular que mantenga el cerebro
en forma. La clave es mantenerlo en funcionamiento y cada
persona tiene que elegir una actividad que le genere una
carga emocional positiva, que puede ser desde la lectura
hasta la pintura, el teatro o el cine”, recomienda Allegri, de
CEMIC. “La clave es el desafío: si yo siempre hago crucigramas, aunque haga uno
por día, eso no me plantea ningún desafío ni me estimula
–agrega Teresa Torralva, de INECO–.
Pero además, más allá de
la ejercitación, para mantener el cerebro en forma es
importante tener una vida saludable en todo sentido:
físico, emocional y social. Tanto el ánimo como la vida
social activa son factores fundamentales: así como el
estrés y la depresión atentan contra la salud mental y el
buen funcionamiento cerebral, no hay computadora, ni libro
ni crucigrama que sea más estimulante que el contacto con
otras personas. No hay nada más estimulante para un
cerebro que otro cerebro”.
Libros, crucigramas, pintura, juegos, una charla con una
amiga o una clase de baile, cualquier actividad puede
poner el cerebro en funcionamiento sin necesidad de
transpirar ni salir de casa. Así que no hay más excusas:
es hora de poner la cabeza en acción.
Fuente: Paula Bistagnino
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